
Este domingo se juega en la Bombonera de Nervión el partido que pone punto y final a una temporada aciaga. No por resultados ni por entrega. No por compromiso ni por objetivos. Por dramas, por sinrazones, por disputas a destiempo por búsqueda de dinero por partes ajenas a las que debieran, por sentimientos reencontrados entre la avaricia y el egoísmo, por comunicados improcedentes cuando deberían respetar más a la persona para la que piden respeto ( y es la primera y la última alusión que haré sobre el tema, porque me niego a escribir sobre ello). En definitiva, temporada dura que a pesar de todo nos lleva por quinto año consecutivo a lo más alto del fútbol europeo, a la cumbre del fútbol mundial, y como no a la cima de resultados en cuanto a ligas particulares inexistentes para muchos y vivas para unos cuantos de esta ciudad, bendita ciudad que convierte a los héroes en villano y a los villanos en héroes como te descuides.
Se juega el último, en nuestro feudo, el más grande de Andalucía de todos los tiempos, y se juega ante otro grande, D. Joaquin Caparrós Camino, el grande de Utrera. Ocasión perfecta para empezar a aplaudirle a él, por haber sido el pionero en enderezar el rumbo de esta nava hace ya unos añitos, cuando mi Sevilla sí estaba en condiciones de pelear por una liga particular, de la que hoy ya es campeón aun perdiendo los dos partidos de la temporada que dispute frente a nuestro eterno rival. Los primeros aplausos vendrán antes que los segundos, que deben ser para el actual capitán de mi barco, ese, que sin conseguir los objetivos marcados va a seguir al mando de mi nave ( y como me alegro de que sea así), al mismo que ha conseguido más puntos que otros sobre los que se ladra, se grita, se aplaude se aclama… al mismo, que en condiciones normales hubiera llevado a mi equipo a la tercera plaza, y no lo digo yo señores, lo dicen los datos objetivos, lo dicen los números reales, las cifras que no se ocultan…Enhorabuena por haber sido el elegido (si alguna vez hubo elección o candidatos para elegir), para ser el timonel de la nueva temporada, la más grande, porque no nos olvidemos nunca, que lo mejor, sigue estando por llegar…
También tenemos, debemos y es obligado aplaudir a nuestros luchadores, a nuestros guerreros de Nervión a nuestros jugadores que sudan la camiseta y mi escudo como si fuera la suya propia. Y es que lo es. Así deben demostrar y en su mayoría lo han hecho, lo grande que somos en Nervión. Dejando atrás penas, glorias, desidias y todo tipo de pesares, los futbolistas, mis futbolistas, han demostrado que todo se puede superar, que las penas no ocultan la gloria, que los pesares no maquillan las ganas, que los momentos difíciles se superan con tardes de gloria… Para todos aquellos que en algún momento dado se hayan borrado del cartel, hayan ocultado el escudo del equipo más grande del mundo, hayan dañado o hablado en contra de unos colores, para todos esos también habrá un aplauso, el aplauso de demostrar que en Nervión no guardamos rencor, el aplauso de demostrar que no todos son como ellos, el aplauso de desearle suerte en los equipos que vayan, aunque los títulos los ganaremos nosotros, el plauso del agradecimiento por los servicios prestados, y de despedida por su lucha por alcanzar objetivos (algunos se fueron en busca de objetivos y se perdieron cinco títulos)…
Así debe ser, el domingo a las 9 de la noche la Bombonera de Nervión debe reventar de alegría, de sentimiento, de reconocimientos para todos los nuestros, los que están los que estuvieron y los que se van, porque Nervión es diferente, porque los del escudo del blanco y el rojo hablamos donde tenemos que hablar, sobre la hierba, sobre el tapete de césped de los campos españoles… no en periódicos, ni en radios ni en televisiones, ni con comunicados ni con representantes, en el campo señores… Rompámonos el alma carmesí para gritar a todos los nuestros, para despedir la temporada que nos puso trabas, y reconocer que la superamos, para decir adiós al año maldito de luto, y entrar en uno lleno de lo mejor… Hasta el domingo!!